café

Moliendo café

Moliendo café

Hay veces que todo lo que necesitas se contiene en una taza.

Y no me refiero a esas recetas cursis que, sin excepción, hemos escrito de pequeños en plan:

PARA HACER UN BUEN PASTEL SE NECESITA
-1kg de amor
-300 gr de ternura
-500 ml de besos...

(Que sí, que en su momento era tierno, pero ahora hace sonrojar hasta al más fornido cocinero).
Me refiero a que hay instantes en los que sobra el mundo y algo tan cotidiano como un trozo de loza, de plástico o de cristal moldeado puede ser todo lo que importe.

Hay cafés hipnóticos, incluso antes de mojar tu lengua y de que su calor te recorra la garganta.
Hay cafés por los que te olvidas de la vida, y que se apropian de tus ojos y de tu memoria.
Cafés dulces, cafés amargos, cafés calientes, cafés helados; cafés caseros, de máquina, de puchero, de sobre.
Cafés que te encienden el día o que te transportan.
Cafés que no sabes dónde te llevan. Pero te llevan.
Enciendo la música. Cierro los ojos y no sé si bailar o soñar.

Doy otro sorbo.
Ya lo decidiré.

0 Comentarios 0 Comentarios
0 Comentarios 0 Comentarios